lunes, diciembre 08, 2008
Things happen (ii)
Pasa que hace mucho rato no he escrito nada decente acá.
Pasa que tenía demasiado para contar que me dio flojera y que ahora que tengo ganas de contarlo se me olvidó la mitad.
Pasa que llevo siete meses y cuatro días en Punta Arenas, y aunque suene a condena, no ha sido así.
Pasa que este viaje superó mis expectativas.
Pasa que en los primeros días, por ejemplo, tuve un puma caminando en el techo de mi casa. Un puma de verdad, que tuvimos que reportar a las siete de la mañana y a esa hora nadie se hizo cargo, ni el SAG que dijo que había que dar el aviso en horas de oficina. Eso pasa porque aquí no hay un número como el 911 gringo. Bueno, ahora inventaron un número 100, pero no sé si habrían venido a recoger al puma, que como nadie nos pescó, se cayó a la cocina de mi vecina y después escapó, y de repente en las noticias todavía aparece como que fue visto en el patio de alguien.
Pasa que pude jugar futbol por fin, en un equipo muy amateur y no de arquera, que es mi verdadero puesto. Jugué con la camiseta 10, de delantera y nos hicieron tantos goles que quedamos últimas en la tabla de posiciones, pero a mí no me importó, porque me reí demasiado.
Pasa que mi papá fue candidato a Alcalde, pero nunca se la creyó. Yo, en cambio, me la creí toda y peleé por él y la campaña.
Pasa que en nuestra última encuesta, tenía un 22%, mientras que los otros dos candidatos más fuertes tenían un 28%, y eso le dio susto y decidió negociar con uno de ellos, y por eso yo estuve enojada hasta el día de la elección, en que pude votar igual por mi papá, que era el mejor candidato y que sólo gastó seiscientas lucas en campaña.
Pasa que vivir la política desde adentro, es lejos, lo más cochino de la vida, y cuando uno se da cuenta que nadie se salva, es una desilusión heavy.
Pasa que en esos momentos, lo único que me servía para pasar la rabia era saber que yo no le debía favores a nadie y podía llegar hasta las últimas sin tejado de vidrio, porque no perdía nada. Por eso puedo decir, por ejemplo, que Carlos Bianchi, el senador, no tiene nada de honorable y es un chanta de primera. Y si lo googlean espero que aparezca así.
Pasa que llegué a un lugar donde he aprendido demasiado, con un jefe guapo, seco y mal genio, pero que nunca me ha retado.
Pasa que alegué en la Corte de Apelaciones, dos veces y estuvo bien.
Pasa que además de las cosas jurídicas que ahora sé, también aprendí a ser mejor persona, creo yo.
Pasa que en este aprendizaje, fuera de las cosas que he ganado, perdí algunas que eran importantes.
Pasa que me quedé sin el que se suponía era el amor de mi vida.
Pasa que me di cuenta que en realidad, no lo era, aunque se sentía como que era lo correcto que así fuera.
Pasa que lo echo más de menos como amigo, y supongo que eso está bien, pero no sé si las cosas serían diferentes si me hubiera quedado.
Pasa que ahora, en algo que debe ser así como el chiste cósmico del año, me pasan cosas con alguien con quien no deberían pasarme, porque no es correcto, aunque por primera vez tenga sentido todo eso de las almas gemelas.
Pasa que lo correcto no siempre es lo mejor.
Pasa que son tan fuertes las cosas que me pasan que a veces me da temor terminar como Glenn Close. Juro que es verdad.
Pasa que no he aprendido a no tener expectativas, y siempre creo que todo va a estar bien, incluso contra los peores pronósticos.
Pasa que tampoco pierdo la capacidad de asombro, y aún soy capaz de desayunarme con algunas noticias.
Pasa que no pude ir al matrimonio de una de mis mejores amigas y me siento muy mal por eso.
Pasa que hay alguna gente que estará enojada conmigo, como ella. Y otra gente que se perdió, así que siento que mi estadística de mejores amigos tiende a negativo.
Pasa que he invertido tiempo, trabajo y ganas aquí, y de repente siento que volver a Santiago es empezar a construir prácticamente desde cero.
Pasa que, cuando siento eso, me pongo a pensar y concluyo que acá tampoco tengo nada.
Pasa que estoy en esas, y si no tengo nada acá ni allá, me siento como homeless. Como desarraigada.
Y pasa que no sé qué hacer, qué decisión tomar, y lo único que me haría volver a Santiago es el miedo a que cosas malas (me) pasen si me quedo acá.
Pasa que tenía demasiado para contar que me dio flojera y que ahora que tengo ganas de contarlo se me olvidó la mitad.
Pasa que llevo siete meses y cuatro días en Punta Arenas, y aunque suene a condena, no ha sido así.
Pasa que este viaje superó mis expectativas.
Pasa que en los primeros días, por ejemplo, tuve un puma caminando en el techo de mi casa. Un puma de verdad, que tuvimos que reportar a las siete de la mañana y a esa hora nadie se hizo cargo, ni el SAG que dijo que había que dar el aviso en horas de oficina. Eso pasa porque aquí no hay un número como el 911 gringo. Bueno, ahora inventaron un número 100, pero no sé si habrían venido a recoger al puma, que como nadie nos pescó, se cayó a la cocina de mi vecina y después escapó, y de repente en las noticias todavía aparece como que fue visto en el patio de alguien.
Pasa que pude jugar futbol por fin, en un equipo muy amateur y no de arquera, que es mi verdadero puesto. Jugué con la camiseta 10, de delantera y nos hicieron tantos goles que quedamos últimas en la tabla de posiciones, pero a mí no me importó, porque me reí demasiado.
Pasa que mi papá fue candidato a Alcalde, pero nunca se la creyó. Yo, en cambio, me la creí toda y peleé por él y la campaña.
Pasa que en nuestra última encuesta, tenía un 22%, mientras que los otros dos candidatos más fuertes tenían un 28%, y eso le dio susto y decidió negociar con uno de ellos, y por eso yo estuve enojada hasta el día de la elección, en que pude votar igual por mi papá, que era el mejor candidato y que sólo gastó seiscientas lucas en campaña.
Pasa que vivir la política desde adentro, es lejos, lo más cochino de la vida, y cuando uno se da cuenta que nadie se salva, es una desilusión heavy.
Pasa que en esos momentos, lo único que me servía para pasar la rabia era saber que yo no le debía favores a nadie y podía llegar hasta las últimas sin tejado de vidrio, porque no perdía nada. Por eso puedo decir, por ejemplo, que Carlos Bianchi, el senador, no tiene nada de honorable y es un chanta de primera. Y si lo googlean espero que aparezca así.
Pasa que llegué a un lugar donde he aprendido demasiado, con un jefe guapo, seco y mal genio, pero que nunca me ha retado.
Pasa que alegué en la Corte de Apelaciones, dos veces y estuvo bien.
Pasa que además de las cosas jurídicas que ahora sé, también aprendí a ser mejor persona, creo yo.
Pasa que en este aprendizaje, fuera de las cosas que he ganado, perdí algunas que eran importantes.
Pasa que me quedé sin el que se suponía era el amor de mi vida.
Pasa que me di cuenta que en realidad, no lo era, aunque se sentía como que era lo correcto que así fuera.
Pasa que lo echo más de menos como amigo, y supongo que eso está bien, pero no sé si las cosas serían diferentes si me hubiera quedado.
Pasa que ahora, en algo que debe ser así como el chiste cósmico del año, me pasan cosas con alguien con quien no deberían pasarme, porque no es correcto, aunque por primera vez tenga sentido todo eso de las almas gemelas.
Pasa que lo correcto no siempre es lo mejor.
Pasa que son tan fuertes las cosas que me pasan que a veces me da temor terminar como Glenn Close. Juro que es verdad.
Pasa que no he aprendido a no tener expectativas, y siempre creo que todo va a estar bien, incluso contra los peores pronósticos.
Pasa que tampoco pierdo la capacidad de asombro, y aún soy capaz de desayunarme con algunas noticias.
Pasa que no pude ir al matrimonio de una de mis mejores amigas y me siento muy mal por eso.
Pasa que hay alguna gente que estará enojada conmigo, como ella. Y otra gente que se perdió, así que siento que mi estadística de mejores amigos tiende a negativo.
Pasa que he invertido tiempo, trabajo y ganas aquí, y de repente siento que volver a Santiago es empezar a construir prácticamente desde cero.
Pasa que, cuando siento eso, me pongo a pensar y concluyo que acá tampoco tengo nada.
Pasa que estoy en esas, y si no tengo nada acá ni allá, me siento como homeless. Como desarraigada.
Y pasa que no sé qué hacer, qué decisión tomar, y lo único que me haría volver a Santiago es el miedo a que cosas malas (me) pasen si me quedo acá.
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